domingo, 25 de octubre de 2009

Suerte

Mientras los barriletes se deslizaban en el viento frío pero placentero de noviembre, me di cuenta de muchas cosas, pero sólo pocas me importaban, y entre esa célula fluorescente estaba yo y la despedida fulminante que desde hace tres noches nos habíamos dado por entendimiento racional, sobrándonos el hablar. Solté y solté la pita, para lograr separar de los demás mi suerte, que ahora vuela con cola de serpiente y colores pastel, deseando que viera nuevos horizontes llenos de esperanza. Pero como buena suerte, no por favorable, sino por caótica, forcejeó para desprenderse del lazo, lográndolo, se dejo llevar a la deriva en las nubes de nostalgia y café a medio tomar. Cayéndome la cuerda en la cara, me empecé a balancear, con la vista en el olvido y los ánimos sepultándome los pies, me deje caer al pasto lleno de olor a medio podrir.


Abrí los ojos, completamente, viendo las paredes blanca llenas de obscenidad, levante el auricular del teléfono de mi conciencia y estaba de nuevo la voz, que por las noches aparece rebotando en mis sueños, pero esta vez no murmuro ni un solo sonido, sabía que allí estaba del otro lado de la conexión, estaba lejos, distante y odiándome. Sin decir nada me quede allí, con el auricular en el oído sin pensar, sin siquiera respirar, en espera. Junto a mi, haciendo más pesada la vida estaban la soledad, quien empezó a empaparme el cuerpo, rasgarme las ropas y rajarme los labios; y el tiempo, el tiempo que no abandona la tarea de apolillarme las neuronas y desgastarme las energías.

Para entretenerme, saqué de mi bolsillo un paquete de cigarros y empecé a fumar, hojeando a ratos las revistas de la programación de la televisión y claro pensando en que momento me hablaría, necesitaba su respuesta, una solución, una opción o por lo menos un insulto, pero nada, nada, nada ocurría con ella. Entonces me rendí, deje caerme de nuevo, lanzando contra la pared el auricular, que para mi desgracia no tenía conexión con nadie más que con esa voz. Cerré los ojos, con el auricular lejos de mi, con el cigarro en la mano, la revista de programación volando en pedazos alrededor, me empecé a dormir, tratando de ya no soñar con mi suerte a la deriva, mi pensamiento entre la nostalgia y mis ánimos empacados en una vieja maleta rumbo a donde el concreto no te deja ver el sol.


Tarde pero amaneció, para mi sorpresa junto al teléfono había una nota que decía: "Porque tienes miedo, sí ya sabes lo que va a suceder". Le di el último halon al cigarro para encender otro, llene de humo de colores la atmósfera, tome de nuevo la cuerda y empecé a caminar en busca de mi nueva suerte, pero muy lejos de donde duerme la luna soñando con volverse planeta.


En esta edición:
Texto: André González y Kan
Fotos: Enrique Zabaleta
Recopilación: Fénix Literario
Imagen y diagramación: Kan

domingo, 4 de octubre de 2009

La Fiesta

No es bueno tener muertos en casa. Sí todos quienes lo hacen lo entendieran, en los cementerios del sur no existiera lugar para nadie. Delante de los escenarios los espectadores actúan su pantomima de la cuarta escena, los teloneros deambulan entre luces que les persiguen. La determinación es buena, lo complicado es que no todos se animan y ello provoca que perdamos adeptos. Es necesario, a la cuenta de tres, todos juntos nos suicidamos en colectivo, ¿pero no sabemos donde están los demás? Somos tan apáticos, los que pasan a nuestros lados, los de ayer, las de hoy, quienes nunca salieron de los cuartos de pánico, las generaciones del desconsuelo, los que sobran, los que faltan, son nuestro colectivo, debemos reunirles para que actúen con nosotros, bajando la cortina luego de sacarnos las mascaras, bailando entre un dulce jazz que nunca me gusto, para despedirnos todos con un trago amargo.

Cuando los ciegos que nos ven dejen de mentir, tomando a escondidas las colillas que dejamos a medias y cuando nosotros dejemos de dárselas sin decirles, podremos amanecer. Suena lento, tenue, el tango amargo de los encuentros que nunca se dieron. Palabras brotan, se desarman y nadie las escucha, hablando sin decir nada, las metáforas son amargas, la miel de los engaños surge en cada noche. Destilamos oscuros deseos que hasta ha nosotros nos causan miedo, es que todo causa miedo, nadie se decide, las ideas y propuestas están plantadas, dentro de tres años serán un árbol muerto del cual nadie supo su existencia, los frutos quedaron colgados como los ahorcados de la razón.

La fiesta ya ha sido organizada, todos los convidados tienen el respectivo pase, esperamos que no se impacte ninguno, el final será inesperado, ese es el deseo, para ello los planes deben llevar buena estructura, la perfección muchos creen que es inalcanzable. Para otros consiste en que todo resulte como ha sido concebido en las macabras mentes del desvarío. Disfrutemos asfixiarnos las manos, quitémosle el oxígeno a las articulaciones, cambiemos todo pero no dejemos nada, llevémonos con nosotros toda la podredumbre que nos dieron y la que nosotros fuimos construyendo.

Humo, todo es humo, ¡si! acaricia las entrañas, luego las destroza, como las mías, las tuyas, es placentero, carcome, deja virus, como el que invadió las fosas de los intestinos, ¡si! lo de antes no tiene concordancia y que importa, a mí no, a vos, bueno no contestas, es cierto, no lo tome en cuenta ¿no tenés boca? yo tampoco, hablamos por medio de la imaginación, ahora entiendo porque nunca nos llegamos ha entender, el tráfico aéreo de palabras no es muy fluido, esta no es nuestra conversación, quien tendrá la nuestra, no importa, esta tampoco la comprendo, suena a lo lejos la misma música, absurda vacía.

Besémonos de espaldas, juzguemos nuestra memoria, ¿cuál? no tengo, no tenés, no tenemos, fuimos victimas de robos, ¡si! pobres de nosotros, siempre compadeciéndonos unos de otros, lastimeros, hipócritas, sin sentido, todos sois iguales, desperdicio de humanidad, ¡al carajo! Cuidado con los grupos de choque, andan deambulando perdidos, no pelean contra su contrincante, lo hacen con los que debiesen ser sus aliados, estos más que los de arriba, también se van al carajo, les iremos a despedir, para asegurar su permanencia en la nada de donde nunca debieron salir. Todos salen de la nada, unos encuentran los caminos, otros, paréntesis, pero sin el signo, como se leerá esto, digamos como todos los demás, seamos por un momento de los otros, que estos sean de lo que somos nosotros, será una tristeza, nos percataremos que no somos nada, ¡ha! lo que debí decir hace unas cuantas líneas y no, bueno es que fluyen las palabras, no debemos cortarlas, al final ya olvide lo que deseaba. Luego de tres espacios, un punto y todas esas estructuras que requiere este idioma, sin las cuales nadie entendería, pero al igual con todos los signo nadie entiende.

Ahora si, digamos como los lastimeros, pobrecitos, que lástima, bueno ahora no sé de qué motivo es causa mi lástima hacia ellos, pero igual solo se dice, no sirve de nada ni a nadie, no se siente, es parte del comproniso, del ser hipócrita.

Como lo hace todo anfitrión de preguntarle a sus invitados, ¿que les parece la fiesta?, ¿se la han pasado bien?, todos contestan, ¡si de maravilla!, el colado es el único honesto, esto es una completa mierda, pero existen peores.

Silencio, todos atentos, llego la invitada de lujo, pidan su turno quienes deseen pasar a la eternidad que nunca llega con ella. Adelante señora, no se quede fuera, no se esconda entre las paredes, busque, que tenemos vidas a granel. No seas estúpido, a mí no me dice nadie que debo hacer. Miradas de asombro, nervios, no se preocupen aún son muy poco para que me los lleve. El imbécil que organizó este carnaval, ha estado pidiéndome a gritos que venga por él, de cuando en cuando es bueno complacer a uno que otro desperdicio.

Le compadezco, ni su propia despedida puede organizar de buena manera, bueno es lógico, si tiene un recibo que dice, cambiable por un cerebro nuevo, pobre iluso, nunca pudo encontrar la dirección. Yo si puedo compadecerme de cualquiera.

La píldora quien la tiene, no la mandaron, no debemos confiar en la tecnología. Las promesas son igual que los amores mediocres y cobardes, nunca se cumplen. El final no fue el relatado, perdió sentido, fue dicho antes que esto fuese escrito, por ello debe variar. Vos lo sabés, yo lo se, ustedes lo saben, lo escucharon, se los comentaron por la mañana, no, nadie lo sabe, nadie lo recuerda, no lo escondieron. Pequeños aprendices, sus risas no tienen sonido, las música deambula en otras fiestas.

Repitiendo los días, pasan como páginas de revistas en sala de espera, rápido sin ser vistas, como vos frente a mí, yo frente a vos, nosotros frente a ellos y de esa manera, todos se mezclan. Agotemos el espacio, es tan pequeño, no importa, la danza se aproxima, suenan los músculos al contacto con otros ajenos. Redundemos, llenemos este vacío de lugares comunes y frases tríadas para que sea más vulgar y grotesco.

Cante señora, el público le espera, iniciemos el final. El desenfreno vuela a nuestro alrededor nadie lo detiene, todos desean aprisionarle, egoístas, eso no fue hecho para ustedes, es para quien no lo busca. Envueltos en camas sin sabanas, los dedos se mezclan, unos a otras se roban el aire, ¡si! todos son perversos, unos pocos no, por ello no están presentes, ven desde lejos. Al final nadie tiene la medicina, no importa los medios son muchos, no crean que por ello desistiré de mí decisión, esto es un descontrol, no sigamos robando oxígeno, lo lamento por ustedes, nadie se apunto en la lista. Pero esta visita no será en vano, no enviaron mi pedido, pero tengo esto.

En esta edición:
Texto: André González
Fotos: Enrique Zabaleta
Recopilación: Fénix Literario
Imagen y diagramación: Kan